RESUMEN DE EPILEPSIA


EPILEPSIA
Es una enfermedad provocada por un desequilibrio en la actividad eléctrica de las neuronas de alguna zona del cerebro. Se caracteriza por uno o varios trastornos neurológicos que dejan una predisposición en el cerebro a padecer convulsiones recurrentes, que suelen dar lugar a consecuencias neurobiológicas, cognitivas y psicológicas



Una convulsión, crisis epiléptica o comicial es un evento súbito y de corta duración, caracterizado por una actividad neuronal anormal y excesiva o bien sincrónica en el cerebro. Las crisis epilépticas suelen ser transitorias, con o sin disminución del nivel de conciencia, con o sin movimientos convulsivos y otras manifestaciones clínicas.



La epilepsia puede tener muchas causas. Puede tener origen en lesiones cerebrales de cualquier tipo (traumatismos craneales, secuelas de meningitis, tumores, etcétera), pero en muchos casos no hay ninguna lesión, sino únicamente una predisposición de origen genético a padecer las crisis.

Epidemiologia.

Las epilepsias afectan al 0,5%-1,5% de la población. Su curva de incidencia tiene dos picos, uno en la primera década de la vida y otro en la séptima. La mayoría de los casos incidentes ocurren en niños menores de 10 años y en personas mayores de 65. El pico precoz se debe sobre todo a las epilepsias del primer año de vida, cuya incidencia parece ir en disminución en los países desarrollados. Por el contrario, el pico de las epilepsias tardías se incrementa por las enfermedades vasculares cerebrales y las demencias, en especial la enfermedad de Alzheimer.

Los pacientes con epilepsia sufren una morbimortalidad incrementada que incluye traumatismos, quemaduras, ahogamientos, neumonías, muerte prematura, suicidio y muerte súbita. Parte de la mortalidad entre los pacientes con epilepsia se debe a su causa y no a las crisis en sí mismas. El exceso de mortalidad recae en los enfermos con lesiones cerebrales graves y crisis incontroladas. La mortalidad específicamente relacionada con las crisis se debe al riesgo de sufrir estados de mal convulsivo y accidentes graves o asfixia durante los ataques. Ocasionalmente, los pacientes epilépticos sufren muerte súbita inexplicada. Es más frecuente en varones, adolescentes o adultos jóvenes con crisis convulsivas generalizadas. Muchas crisis ocurren durante el sueño o sin testigos. La tasa de suicidios también es ligeramente superior entre los pacientes con epilepsia. Los factores que más inducen al suicidio por sobredosis de medicamentos u otro medio son los trastornos de la personalidad y las alteraciones psicóticas interictales.

 





Etiopatogenia de epilepsia.

Las crisis epilépticas pueden aparecer por múltiples causas, pero según la edad de inicio de las crisis es más frecuente que sea por unas que por otras, tal y como se refleja en el siguiente listado de mayor a menor frecuencia en cada grupo de edad:

De origen genético:2

1.   Epilepsia oligogénica: hay factores genéticos que están involucrados en la patología, pero su recurrencia varía del 5 al 10 por ciento en familiares directos. Su pronóstico al tratamiento es bueno, y no provoca deterioro intelectual.

2.   Epilepsia monogénica: se trata de varias generaciones de la misma familia que repiten el mismo tipo de epilepsia y sus características. Los genes que la provocan están identificados. Existen más de 255 genes involucrados en la epilepsia.

Continuamente se están descubriendo tipos de epilepsia de origen genético que hasta ahora no tenían etiqueta.

a) En neonatos menores de 1 mes:

·         hipoxia perinatal;

·         hemorragia intracraneal;

·         infecciones del SNCmeningitisencefalitisabscesos cerebrales;

·         alteraciones genéticasmetabólicas o del desarrollo;

·         trastornos metabólicos: hipoglucemiahipocalcemiahipomagnesemiadéficit de piridoxina;

·         síndrome de abstinencia;

·         traumatismos craneoencefálicos (TCE).

b) En niños de 1 mes a 12 años:

·         crisis febriles;

·         alteraciones genéticas y enfermedades degenerativas cerebrales;

·         infecciones del SNC;

·         traumatismos craneoencefálicos (TCE);

·         tóxicos y defectos metabólicos;

·         idiopáticas.

·         Tumor cerebral



c) En adolescentes de 12 a 18 años:

·         traumatismos;

·         idiopáticas;

·         genéticas y enfermedades degenerativas cerebrales;

·         tumores;

·         consumo de tóxicos, incluido alcohol;

·         infecciones.

d) En adultos de 18 a 35 años:

·         traumatismos;

·         abstinencia del alcohol;

·         consumo de tóxicos;

·         tumores;

·         idiopáticas.

e) En mayores de 35 años:

·         enfermedad cerebrovascular (ictus previo), primera causa en mayores de 50 años;

·         tumores, primera causa entre los 35 y 50 años;

·         abstinencia alcohólica;

·         uremiaenfermedad hepáticahipoglucemia, alteraciones electrolíticas.

·         accidente vascular cerebral.

f) En mayores de 50 años: accidente cerebrovascular (como secuela).


Crisis provocada, crisis precipita da y crisis refleja


Crisis provocada:

Es la que aparece en relación temporal inmediata con una agresión Aguda del cerebro como un ictus, traumatismo, anoxia, encefalitis o trastorno tóxico-metabólico agudo.


Crisis precipitada:

Sucede por la intervención de un factor inespecífico como la privación de sueño o el estrés, o el abuso de alcohol en una persona con o sin crisis espontáneas previas.


Crisis refleja:

Es la que sigue a un estímulo sensitivo o sensorial o psíquico específico

Epilepsia en actividad y epilepsia en remisión:

Una epilepsia está en actividad cuando el paciente ha sufrido una crisis en los últimos 2 años y está en remisión si no ha tenido crisis en 2 años.

Epilepsia de difícil control o refractaria o farmacorresistente:

 Se define por el fracaso de dos pautas de fármacos antiepilépticos, tolerados y elegidos apropiadamente, en mono- y bioterapia.

Crisis continúas o estado de mal epiléptico La duración de las crisis o el tiempo durante el que se repiten para considerar que el paciente está en estado de mal son arbitrario, pero se suele aceptar el de 30 min. A grandes rasgos, los estados epilépticos se pueden dividir en convulsivos y no convulsivos. El estado de mal «sutil» se caracteriza por la disminución de la conciencia con actividad irritativa continua en el EEG y ausencia (o mínimas) manifestaciones motoras.

Se habla de status epiléptico refractario cuando las crisis duran más de 60 min a pesar del tratamiento adecuado con dos fármacos de primera línea por vía intravenosa. Ocurre en un 30% de los casos, aproximadamente

Fisiopatología

Las crisis epilépticas se deben a una descarga anormal y exagerada de ciertos agregados o poblaciones neuronales del cerebro. Las descargas neuronales anormales producen crisis epilépticas gracias a los procesos de sincronización, amplificación y propagación de las descargas.

El elemento celular básico de la descarga epiléptica es el llamado «cambio de despolarización paroxística» (paroxismal despolarización shift o PDS) que se recoge con micro electrodos en las neuronas. La sincronización de muchos PDS es capaz de producir los paroxismos irritativos en forma de puntas o punta-onda que se recogen en el EEG convencional, y de dar las manifestaciones clínicas propias de las crisis epilépticas. La propagación de la descarga epiléptica por el cerebro se hace mediante el reclutamiento de circuitos locales (intracorticales) y siguiendo las vías anatómicas de conexión intra- e interhemisféricas, así como las proyecciones subcorticales.

Epileptogénesis primaria es el proceso por el que una estructura nerviosa normal se convierte en hiperexcitable, hasta el punto de ocasionar crisis epilépticas de manera espontánea. Epileptogénesis secundaria es el conjunto de cambios neuroquímicos e histológicos que siguen a las crisis epilépticas repetidas y que contribuyen a la persistencia de las crisis y a su transformación en crisis farmacorresistentes.


Clasificación:


Síntomas prodrómicos

Son síntomas inespecíficos como cambios del humor, irritabilidad, alteraciones del sueño o del apetito o del comportamiento, desde horas o días antes de la crisis.


Aura epiléptica

Es la sensación inmediatamente previa a la crisis, ya sea focal compleja o secundariamente generalizada. En la práctica se aplica a las sensaciones epigástricas o psíquicas como miedo, angustia, malestar indefinible, nerviosismo y otras que los pacientes experimentan casi siempre en el contexto de las crisis temporolímbicas.


Crisis generalizadas

El primer síntoma apreciable depende de la disfunción de ambos hemisferios cerebrales, por lo que la pérdida de conciencia ocurre desde el inicio del ataque, la descarga en el EEG es difusa y simétrica en las derivaciones de ambos hemisferios y las manifestaciones motoras, si las hay, afectan a las cuatro extremidades.

-Crisis generalizadas convulsivas

Pueden ser tónicas, clónicas o más frecuentemente una combinación de ambos tipos. Las mioclonías (o clonías) epilépticas son sacudidas musculares breves, como un choque eléctrico, que en el EMG duran entre 20 y 120 min. Pueden ser focales, multifocales o generalizadas. Por efecto de estas mioclonías, los enfermos lanzan los objetos que tienen en las manos. En el EEG se registran paroxismos de puntas o polipunta-onda generalizados y simétricos. Las mioclonías ocurren aisladas o en salvas, espontáneas o provocadas por estímulos sensitivos o sensoriales, como la estimulación luminosa intermitente u otros y facilitadas por la fatiga, el estrés o la privación de sueño. Forman parte de muchos síndromes epilépticos.

-Crisis amiotónicas

Producen la pérdida del tono postural, que puede ser limitada sólo a la cabeza o a una flexión de las rodillas, o ser total, lo que provoca la caída del enfermo (drop-attack epiléptico). Las crisis amiotónicas son más frecuentes en los síndromes epilépticos sintomáticos de lesiones cerebrales difusas y, a menudo, se combinan con crisis mioclónicas (epilepsias astatomioclónicas).

-Crisis generalizadas no convulsivas

Reciben el nombre clásico de ausencias porque el enfermo detiene su actividad, queda como ausente, no contesta y pasados unos segundos recupera la conciencia. Hay dos tipos: las ausencias típicas y las ausencias

Atípicas: Las ausencias típicas se caracterizan por la aparición en el EEG de una descarga de complejos de punta-onda generalizados, síncronos y simétricos a una frecuencia de 3 Hz o más. Estas ausencias típicas pueden repetirse muchas veces en un día. Son extraordinariamente sensibles a la hiperventilación. En algunas ausencias típicas hay otras manifestaciones motoras como mioclonías posturales de los brazos, retropulsión del tronco, desviación conjugada de la cabeza y ojos, atonía postural o automatismos gestuales.

 Las ausencias atípicas se caracterizan por descargas en el EEG de punta-onda lenta a unos 2 Hz, a menudo son prolongadas, se asocian a mioclonías o crisis astatomioclónicas y forman parte del síndrome de Lennox-Gastaut.


Crisis epilépticas focales

Se deben a descargas en un área limitada de la corteza cerebral, por lo que remedan su función fisiológica. El paciente experimenta una combinación variada de síntomas de los cuales es total o parcialmente consciente.

Los síntomas y signos vegetativos consisten en cambios en el color de la piel, aumento de la PA, piloerección, dilatación pupilar, movimiento intestinal, salivación, taquicardia o bradicardia y síncope.

Los síntomas sensitivos pueden ser elementales en forma de hormigueos, quemazón, dolor u otras sensaciones desagradables en un área corporal que se extienden o no al resto de un hemicuerpo.

Los síntomas visuales simples consisten en la alucinación de chispas, luces o colores en el hemicampo contralateral y ocurren en las crisis focales occipitales del área visual primaria. En las crisis de las áreas visuales asociativas aparecen trastornos visuales complejos como poliopsia, palinopsia o metamorfopsias.

Los síntomas y signos motores son de diverso tipo. Pueden ser clonías de un segmento corporal que se extienden o no al resto del hemicuerpo (marcha jacksoniana) cuando el foco está próximo al área motora primaria. En los focos frontales puede haber una conducta motora abigarrada y repetitiva.

En las crisis del área motora suplementaria, el paciente adopta una postura con extensión de la pierna contralateral (o de ambas) y elevación y semiflexión del brazo contralateral; el giro de la cabeza es como si mirara a su puño cerrado.

Las alteraciones del lenguaje son variadas dependiendo del origen de la descarga, casi siempre en el hemisferio izquierdo. Puede haber una detención del lenguaje lo mismo que detiene toda actividad. En otros casos, el paciente repite una frase sin sentido o contesta inadecuadamente al observador.

El contenido psíquico de las crisis es variado. Los pacientes pueden tener alteraciones dismnesias y cognitivas. Las sensaciones dismnesias pueden oscilar en los dos sentidos extremos y el paciente experimenta o bien una sensación de irrealidad como si todo fuera desconocido (jamais vu) o, bien al contrario, la de asistir a un acontecimiento muy familiar, siempre el mismo (déjà vu, déjà vécu). También hay crisis de amnesia pura (amnesia transitoria epiléptica).

Las alucinaciones pueden ser visuales, olfativas o auditivas. Pueden ser simples, como la percepción de luces, de un olor desagradable o un zumbido, o complejas, de olores elaborados o de audiciones musicales, voces o mensajes con experiencias místicas.

Los automatismos pueden ser simples, de chupeteo, deglución, apertura y cierre de una mano o cambio de la expresión facial (como de alegría, sorpresa o miedo). Otros automatismos más complejos son los de frotar las manos entre sí, manosear un objeto o la ropa o sus genitales. Pueden hacer intentos de vestirse o desvestirse, o de levantarse y salir.

Crisis continuas o estados de mal epiléptico

Se considera un estado de mal cuando la crisis dura al menos 30 min o cuando su repetición es tan frecuente que no hay recuperación del paciente entre una y otra. Se dividen en dos grandes grupos, los convulsivos (que a su vez pueden ser focales o generalizados) y los no convulsivos (que pueden ser de crisis focales complejas o de ausencia). Cualquiera de ellos puede hacerse refractario. Los estados de mal no convulsivo no conllevan ninguna amenaza vital, mientras que los convulsivos, especialmente el tónico-clónico, son una urgencia médica.

Epilepsia focal continua o estado de mal focal motor

Ocurre en pacientes portadores de lesiones focales corticales estáticas o como consecuencia de lesiones agudas (infartos, abscesos, encefalitis). Las crisis afectan generalmente a la cara y al brazo, aunque pueden interesar a cualquier grupo muscular, sobre todo distal, y saltar de uno a otro.

Estado de mal tónico-clónico

Se desarrolla progresivamente. Conforme disminuye el nivel de consciencia, la amplitud de las convulsiones se reduce y el paciente puede estar en coma profundo con mínimas manifestaciones convulsivas. La actividad paroxística del EEG se hace menos evidente cuando se profundiza el estado de coma y es sustituida por un trazado cada vez más lento y aplanado. Durante la fase convulsiva del status tienen lugar repercusiones metabólicas graves derivadas del incremento metabólico cerebral, de la actividad muscular intensa y de la descarga de catecolaminas. Estas consecuencias, que incluyen hipertermia, hiperglucemia, taquicardia, sudoración, salivación, acidosis láctica y rabdomiólisis, pueden compensarse sin graves amenazas vitales durante una primera fase del status. Pero si las convulsiones persisten, la situación se descompensa y aparece hipoglucemia, hipotensión arterial, anoxia tisular, edema pulmonar y cerebral, arritmias cardíacas, fracaso renal agudo y coagulación intravascular diseminada.

Estado de mal sutil

Se caracteriza por una profunda disminución del nivel de consciencia hasta el coma, con actividad irritativa continua en el EEG y ausencia de manifestaciones motoras convulsivas o mínimas como pueden ser pequeñas clonías de los dedos o de los párpados o de la cara o desviaciones oculares tónicas o sacudidas nistagmoideas.

Estado de mal de ausencias

Se manifiesta por descenso de nivel de conciencia, confusión mental, amnesia y alteraciones de la conducta o conducta automática. El estado de mal de ausencias típicas es raro, mientras que el de ausencias atípicas es relativamente frecuente, sobre todo en el síndrome de Lennox-Gastaut. El estado de mal de ausencias en un adulto no epiléptico (de novo) ocurre como consecuencia de la supresión de benzodiazepinas, trastornos metabólicos como hiponatremia, hipocalcemia o la administración de otros psicofármacos.

Estado de mal de crisis focales complejas

Suele ocurrir en pacientes con historia previa de epilepsia frontal o temporal. A menudo, los pacientes tienen períodos de letargo y otros de confusión, agitación, lenguaje incoherente y delirio.

Anamnesis Y EXPLORACIÓN FÍSICA

El diagnóstico de la epilepsia es clínico y se basa en la anamnesis, ya que tanto la exploración como los exámenes complementarios pueden ser normales. Ninguna anomalía paroxística en el EEG prejuzga la existencia de crisis epilépticas. Habitualmente es necesario obtener información de un familiar o próximo que haya visto los ataques, pues el paciente no es capaz de describirlos en su totalidad. Hay que recabar información sobre todo lo ocurrido antes, durante y después de la crisis.

El diagnóstico de epilepsia debe ser positivo. No se puede hacer por exclusión. En caso de duda es preferible esperar a que la evolución descarte o confirme el diagnóstico que iniciar un tratamiento empírico.

El diagnóstico completo incluye tres puntos:

• Indagar si las crisis son de naturaleza epiléptica y no de otro tipo (síncopes, vértigos, ictus, crisis psicógenas).

• Definir, si es posible, el tipo de crisis y de síndrome epiléptico.

• Conocer la etiología.

Los antecedentes etiológicos más importantes son los de trauma perinatal, alteración en el desarrollo psicomotor, convulsiones febriles, meningoencefalitis, otros traumatismos craneales, enfermedades neurológicas o psiquiátricas familiares e historia de epilepsia familiar. Para una evaluación completa hay que tener en cuenta también la adaptación escolar, social, matrimonial y profesional del enfermo. A la exploración física general y neurológica completa hay que añadir, especialmente en los niños, algún test psicométrico para cuantificar el estado intelectual y detectar precozmente su deterioro ya sea secundario a la propia enfermedad o al efecto neurotóxico de los fármacos. En las mujeres es muy importante la historia obstétrica, saber si ha habido embarazos o abortos y toda la información referida a los ciclos menstruales, toma de anticonceptivos, etc. Además de los análisis que puedan ser sugeridos por la historia y la exploración, debe hacerse siempre una hematimetría, un perfil bioquímico general, análisis de orina, radiografía de tórax, ECG y un EEG. La serología de sífilis sólo se justifica si hay algún indicio clínico o epidemiológico.

Uso general del EEG en el diagnóstico y tratamiento de las epilepsias

El EEG es una exploración fundamental en el diagnóstico de la epilepsia.

Tiene importantes limitaciones. Los electrodos sobre la piel recogen una actividad propagada desde la corteza cerebral que siempre llega distorsionada al atravesar la dura, el cráneo y el cuero cabelludo. Esto hace que algunas crisis epilépticas generadas por descargas muy localizadas no den alteraciones en el EEG de superficie que tiene importantes limitaciones a la hora de localizar con exactitud el origen de las crisis epilépticas. En un primer EEG ordinario de unos 20 min sólo se suele registrar actividad paroxística intercrítica en el 50% de los epilépticos adultos. La ausencia de actividad epileptiforme en el EEG no debe poner nunca en duda el diagnóstico clínico bien fundado de epilepsia. La sensibilidad del EEG aumenta al realizar un registro de sueño o tras privación de sueño. La presencia de actividad epileptiforme intercrítica no es sinónimo de epilepsia pues pueden ocurrir en personas sanas.

En la mayoría de los casos se puede caracterizar el tipo de epilepsia por la historia y el EEG intercrítico si se plantean dudas. Sólo en algunas ocasiones es necesario registrar un episodio crítico. Para obtener registros críticos está indicada la monitorización vídeo-EEG prolongada mediante técnicas de telemetría. El EEG puede dar alguna orientación sobre la retirada de medicación en ciertos síndromes epilépticos infantiles, no así en los adultos. La existencia o la cantidad de actividad epileptiforme intercrítica no es una guía sobre la eficacia del tratamiento o la frecuencia de crisis que presenta el paciente.

Neuroimagen por TC y RM

Estos estudios no están indicados en los síndromes epilépticos idiopáticos. La indicación es intermedia o relativa cuando se trata de objetivar lesiones ya sospechadas por la historia y sin potencial evolutivo como, por ejemplo, epilepsia postraumática del adulto, secuelas de trauma de parto o infecciones infantiles, de anoxia, ictus o lesiones posquirúrgicas. En estos pacientes nunca se deben repetir las pruebas de imagen. La indicación es definitiva y con prioridad en todas las epilepsias con crisis generalizadas o focales de causa desconocida, especialmente si es de reciente comienzo o la exploración neurológica es anormal o si en el EEG hay signos de sufrimiento cerebral focal. La RM es mucho más sensible que la TC, pero esta es suficiente para diagnosticar los procesos expansivos que se manifiestan con epilepsia de reciente comienzo. Por otra parte, un paciente con epilepsia bien controlada médicamente y una TC normal no requiere más exploraciones. Debido a la alta sensibilidad de la RM hay que tener en cuenta que algunas imágenes aparentemente lesiones son falsas, pueden ser evanescentes y desaparecen en una segunda exploración. A veces, estas lesiones están relacionadas con alteraciones bioquímicas o edemas pos críticos.


Diagnóstico diferencial.

Los espasmos del sollozo ocurren en niños pequeños; durante el llanto o una rabieta el niño sufre apnea en espiración con cianosis e inconsciente hasta que rompe a llorar y respirar de nuevo. En las crisis de vértigo paroxístico benigno el niño no pierde el conocimiento, grita como asustado, tiene tendencia a agarrarse a un mueble o a una persona mayor ocultando la cara, se pone algo pálido e inmediatamente después reanuda su juego normalmente. Las parasomnias deben incluirse en el diagnóstico diferencial.

En la jaqueca de tipo basilar, tras los pródromos de vértigo, fosfenos, escotomas y ataxia, aparece la cefalea con alteraciones vegetativas y obnubilación, a veces intensa. En las jaquecas suele haber un antecedente familiar, con historia de otras jaquecas sin aura, la frecuencia de las crisis es baja y el desarrollo de los síntomas visuales o sensitivos es muy lento y progresivo durante varios minutos, mientras que en las crisis epilépticas focales son muy breves y rápidos en su difusión. En la jaqueca las parestesias suelen comenzar por el dedo meñique o la palma de la mano y afectan parcheadamente a la mano, boca, lengua y a veces al pie; en las crisis epilépticas, las parestesias suelen ser dolorosas, comienzan por el dedo pulgar y se extienden muy rápidamente por todo el hemicuerpo.

Los síncopes son crisis breves de inconsciencia por una hipoxia cerebral global y se distinguen varios subtipos por la etiología o la fisiopatología. El diagnóstico diferencial de los síncopes, por provocar pérdida de conciencia, se plantea con las crisis generalizadas. Los síncopes vaso vágales (vasodepresores) y ortostáticos son frecuentes en los adolescentes y jóvenes, más en las chicas. Ocurren en ambientes cerrados y calurosos y también provocados por estímulos dolorosos o impresiones psíquicas desagradables. Cursan con sensación de desgana, aturdimiento, zumbido de oídos, calor o frío y flojedad general; el enfermo queda inconsciente, hipotónico y pálido («como muerto»), con los ojos vueltos hacia arriba, con sudor frío y pulso débil. Al despertar suele notar náuseas, vómitos, escalofríos y un gran cansancio general.

El síndrome de QT prolongado es una alteración de los canales iónicos cardíacos, sobre todo de K, que hace al corazón vulnerable a las descargas nerviosas simpáticas. Puede ser hereditario o adquirido y existe una larga lista de fármacos que producen un alargamiento de QT al provocar hipocalcemia. Las formas genéticas son autosómicas dominantes y el diagnóstico por genética molecular permite detectar a portadores con ECG normal.

En el síndrome de la narcolepsia-cataplejía, el enfermo sufre crisis de sueño invencible y de hipotonía muscular desencadenadas por estímulos sorpresa, por la cólera o la risa, en las que puede caer al suelo, inmóvil, pero consciente y sin trastornos respiratorios.

Las crisis de inconsciencia psicógena tienen características diferenciales con respecto a las dos categorías principales de crisis epilépticas, convulsivas o focales complejas. Las crisis psicógenas o seudocrisis pueden dividirse en dos grandes tipos que con frecuencia se alterna en el mismo individuo.

Los movimientos anormales paroxísticos tienen un parecido sólo superficial con las crisis epilépticas. El espasmo carpopedal o facial de la tetania se distingue por su duración, localización y por ser fácilmente reproducible con la hiperpnea y la isquemia. Las distonías agudas son espasmos musculares abigarrados de cara, cuello y tronco, producidos frecuentemente por fármacos antidopaminérgicos.

Las crisis de isquemia cerebral transitoria del territorio carotídeo pueden cursar con convulsiones del hemicuerpo contralateral, pero lo habitual es que produzcan un cuadro deficitario con paresia e hipotonía. Ocurren en personas portadoras de cardiopatía embolígena o con factores de riesgo de enfermedad arteriosclerótica. A veces el diagnóstico diferencial es muy difícil porque, tras una crisis epiléptica focal motora, aunque sea muy breve, puede quedar una parálisis transitoria (parálisis de Todd) que remeda la paresia de una isquemia; y porque, de otro lado, un enfermo que ha tenido previamente un ataque isquémico puede sufrir más tarde crisis epilépticas si la zona infartada se convierte en un foco crónico (epilepsia postinfarto).

Las crisis hipoglucémicas pueden llegar a producir convulsiones, pero esto sucede sólo después de un largo período de mareo, sudor, sensación de hambre, confusión o conducta anormal. Estos pródromos pueden faltar cuando la hipoglucemia sucede a la noche. La amnesia global transitoria se caracteriza por la pérdida selectiva de la memoria anterógrada de varias horas de duración y la ausencia de otros síntomas, como alucinaciones, disfasia, confusión o convulsiones, que suelen acompañar a los fenómenos amnésicos de las crisis epilépticas focales complejas.


Tratamiento.

El buen uso de los fármacos antiepilépticos requiere unos conocimientos básicos de sus características farmacocinéticas y farmacodinamias para pasar después a intentar responder a las tres preguntas claves: cuándo empezar el tratamiento, cómo controlarlo regularmente y en qué momento y en qué condiciones es posible suprimirlo.

Fármacos antiepilépticos (FAE)

Se dispone actualmente de dos grupos, divididos arbitrariamente en:

• Primera generación: fenobarbital (PB), fenitoína (PHT), primidona (PRM), etosuxamida (ESM), carbamazepina (CBZ), valproato (VPA), clobazam (CLB) y clonazepam (CLN) .

• Segunda generación: vigabatrina (VGB), lamotrigina (LTG), gabapentina (GBP), felbamato (FBM), topiramato (TPM), tiagabina (TGB), oxcarbazepina (OXC), levetiracetam (LEV), pregabalina (PRG), zonisamida (ZNS), rufinamida (RUF), LCM (lacosamida), ESL (eslicarbazepina).

De todos ellos sólo PHT (y su profármaco fosfenitoína), PB, VPA, LEV y las benzodiazepinas están disponibles por vía intravenosa, lo cual tiene gran utilidad en postoperatorios u otras situaciones en las que el paciente no pueda alimentarse por vía oral y en los estados de mal epiléptico, cuyo tratamiento tiene características propias que se verán más adelante.

Tratamiento de la primera crisis

En adolescentes o adultos jóvenes que tienen un primer ataque convulsivo, sobre todo si ocurre en una situación especial de estrés o falta de sueño, se aconseja una actitud expectante, pues con frecuencia se trata de ataques únicos que no vuelven a repetirse. Un primer EEG con puntas o punta-onda aumenta el riesgo de tener más crisis, pero el valor predictivo de un EEG normal o con otro tipo de anomalías no está claro.


Cumplimiento del tratamiento

Los enfermos epilépticos suelen ser poco dóciles para tomar diariamente la medicación y colaboran mucho mejor si se les explican repetidamente los objetivos del tratamiento, al indicarles que el ajuste de la medicación se hace por tanteo y al tranquilizarles acerca de sus efectos secundarios. La falta de cumplimiento del tratamiento es una de las principales causas de su falta de eficacia y su interrupción brusca es el origen de estados de mal graves. El cumplimiento disminuye si los pacientes tienen que tomar muchas dosis y muchos comprimidos cada día. Siempre que sea posible se administrarán los fármacos en una o dos dosis.

Elección del fármaco

Sólo las crisis generalizadas no convulsivas (ausencias) tienen un tratamiento específico que puede ser etosuximida o ácido valproico. En las demás formas de epilepsia, la elección del fármaco depende sólo en parte del tipo de ataques y hay que tomar en consideración otros factores individuales del paciente. Esto es especialmente cierto en el nivel primario de la asistencia, donde la mayoría de los pacientes sufren epilepsias criptogénicas inclasificables dentro de los síndromes caracterizados y, por tanto, el tratamiento es aún más empírico e inespecífico.

Monoterapia y politerapia

La regla universal es la de intentar el tratamiento del paciente con un solo medicamento (monoterapia). Los enfermos con epilepsias primarias que sufren varios tipos de crisis, de ausencia y convulsivas, y algunas epilepsias mioclónicas pueden requerir dos fármacos. Un porcentaje próximo al 30% de los enfermos es resistente a los FAE clásicos y en este conjunto está indicada la politerapia añadiendo uno de los nuevos. La recomendación es que esa politerapia combine fármacos con diferente mecanismo de acción para buscar una sinergia y reducir los efectos secundarios.



Cambio del tratamiento

Todo cambio de FAE se debe hacer gradualmente. Si se ha comprobado que un fármaco es ineficaz, se introduce otro de manera progresiva y hacia la segunda o tercera semana, cuando se presume que el segundo fármaco ha alcanzado ya niveles terapéuticos, se retira el primero; una pauta aceptable es retirar el fármaco a razón de un cuarto de la dosis total cada semana, a excepción del fenobarbital, que se retira cada 2 semanas o aún más lentamente.

Resistencia al tratamiento farmacológico

Cuando un paciente no responde al tratamiento y sigue teniendo crisis hay que considerar varias posibilidades antes de atribuirlo a resistencia a los fármacos:

• Un error en el diagnóstico, lo que no es raro con síncopes y crisis psicógenas.

• Mala obediencia con ingesta nula o errática de los medicamentos.

• Error en la selección del fármaco.

• Una mala prescripción, por ejemplo, una politerapia con niveles inadecuados de todos los fármacos como consecuencia de bajas dosis o de interacciones; esto ha ocurrido hasta en el 40% de casos en alguna serie de supuestas epilepsias farmacorresistentes.

• Una causa evolutiva no diagnosticada en primera instancia como un tumor de lento crecimiento o una enfermedad degenerativa.

Si no existe ninguna de esas causas, está justificado realizar ensayos de politerapia.  Se considera que el fracaso de tres ensayos en 2 años permite sentar el diagnóstico de epilepsia refractaria y considerar la posibilidad de un tratamiento quirúrgico.


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